señor Baxter, perdóneme que le pregunte—, ¿alguien que ha cruzado al otro lado...?»
Bajó la voz a lo que le habían indicado que era un tono comprensivo, y no estaba preparada en absoluto para el repentino endurecimiento de aquel rostro.
—Eso es asunto mío, señora Stapleton.
Ah, bueno, había sido prematura. Iría a buscar a lady Laura, dijo; creía que podía aventurarse con semejante propósito. No, no tardaría ni tres minutos. Luego salió con un susurro de sedas.
Laurie se acercó al fuego para esperar, y se quedó allí, calentándose las manos mecánicamente y mirando fijamente aquel núcleo adormecido de carbón al rojo vivo.