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nydus/The NecromancersPublic
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I

Sabía perfectamente que era propensa a ceder a una irritación interna, de un tipo intenso aunque invisible, cuando se producían interrupciones; que de vez en vez cedía a un desprecio indebidamente feroz hacia la gente pesada, y decía pequeñas cosas mordaces de las que más tarde se arrepentía. También sabía que era muy valiente, que gozaba de una salud física magnífica y que podía estar perfectamente contenta con una vida que a bastantes otras personas les parecería estrecha y asfixiante.

Su propio carácter, por tanto, era algo que ella había estudiado —ni mucho menos de un modo morboso— durante su vida en Stantons. Y otra cosa que estaba empezando a estudiar, bastante para su propia sorpresa, era el carácter de Laurie. Empezaba a sorprenderse un poco de la frecuencia con la que, durante un paseo en silencio o alguna tarea mecánica y apacible en los jardines, la imagen de aquel joven surgía ante ella.

En efecto, como se ha dicho, tenía un nuevo material con el que trabajar. No se había dado cuenta hasta el affaire Amy del asombroso egoísmo de aquel muchacho; y se convirtió para ella en un ejercicio psicológico bastante placentero el estructurar sus características hasta formar un todo coherente. No le había llamado la atención, hasta que este espécimen llegó a su conocimiento, cómo la generosidad y el egotismo, por ejemplo, lejos de ser mutuamente excluyentes, pueden ser muy fácilmente complementos el uno del otro.

Así pues, transcurría sus días —al exterior una persona capaz y ocupada, interesada en media docena de cosas sencillas; al interior bastante introspectiva, bastante escrupulosa e intensamente interesada en la observación de dos caracteres: el suyo y el de su hermano adoptivo. El carácter de la señora Baxter no necesitaba disección; era un todo coherente, claro como el cristal y tan rígido.

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