Por fin se levantó, fue a su mesa de trabajo y se sentó.
Aún dudó un minuto; luego mojó la pluma y escribió.
Cuando hubo terminado y lo hubo dirigido, volvió junto al fuego.
Le quedaba todavía una hora para pensar y pensar antes de tener que vestirse. Había prometido cenar con la señora Stapleton a las siete y media.
Tenía un principio de dolor de cabeza, y tal vez pudiera dormirlo hasta que se le pasara.