de la alta verja en la cerca, y el camino común al otro lado, que brillaba aquí y allá en charcos que apresaban el color verde del cielo moribundo de occidente. Delante, en el césped de este lado, ardián pequeños remiendos blancos donde brotaban los azafranes.
Mientras estaba allí, se oyó el ruido de unas ruedas y apareció un carruaje a la vista. Se detuvo ante la verja y se abrió la puerta.