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nydus/Continental Op StoriesPublic
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II. “¡Eso es algo!”

—Supongo que sí... ¡oye! Un hombre llamado Lagerquist, tendero, iba conduciendo por el Golden Gate Park esta noche y pasó junto a un coche parado en un camino oscuro, con las luces apagadas. Le pareció algo extraña la postura del hombre al volante, así que se lo contó al primer agente que encontró.

“El patrullero investigó y encontró a Gantvoort sentado al volante⁠—muerto⁠—con la cabeza destrozada y este cachivache”⁠—poniendo una mano sobre la máquina de escribir ensangrentada⁠—“en el asiento a su lado. Eso fue a las diez menos cuarto. El doctor dice que a Gantvoort lo mataron⁠—con el cráneo aplastado⁠—con esta máquina de escribir.

“Los bolsillos del difunto, descubrimos, estaban todos del revés; y todas estas cosas del escritorio, excepto esta cartera nueva, estaban esparcidas por el auto⁠—algunas en el piso y otras en los asientos. Este dinero también estaba allí⁠—cerca de cien dólares en efectivo. Entre los papeles estaba esto”.

Me entregó una hoja de papel blanco en la que estaba mecanografiado lo siguiente:

L. F. G. ⁠—

Quiero lo que es mío. 6.000 millas y 21 años no bastan para ocultarte de la víctima de tu traición. Pienso recuperar lo que robaste.

—L. F. G. podrían ser Leopold F. Gantvoort —dije—. Y E. B. podría ser Emil Bonfils. Veintiún años es el tiempo transcurrido de 1902 a 1923, y 6000 millas es, más o menos, la distancia entre París y San Francisco.

Dejé la carta sobre la mesa y tomé el estuche de la joya. Era uno de cuerina negra, forrado con satén blanco, y carecía de cualquier marca.

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