“Meet Mr. Smith”
Con razón o sin ella, eso fue lo que hicimos. Guardamos todas aquellas pistas encantadoras en un cajón, echamos llave al cajón y las olvidamos. Luego nos propusimos encontrar a los conocidos masculinos de Creda Dexter y examinarlos minuciosamente en busca del asesino.
Pero no era tan sencillo como sonaba.
Por más que indagamos en su pasado, no logramos sacar a la luz a un solo hombre que pudiera considerarse un pretendiente.
Ella y su hermano llevaban tres años en San Francisco. Les seguimos la pista a lo largo de todo ese tiempo, de apartamento en apartamento. Interrogamos a cuantos pudimos encontrar que tan solo la conocieran de vista.
Y nadie pudo hablarnos de un solo hombre que hubiera mostrado interés en ella aparte de Gantvoort. Nadie, al parecer, la había visto jamás con ningún hombre que no fuera Gantvoort o su hermano.
Todo lo cual, si bien no nos hacía avanzar, al menos nos convencía de que íbamos por el buen camino. Debía de haber, argüíamos, al menos un hombre en su vida durante esos tres años además de Gantvoort. No era —a menos que estuviéramos muy equivocados— el tipo de mujer que desanimaría la atención masculina; y desde luego la naturaleza la había dotado para atraerla. Y si había otro hombre, entonces el mismo hecho de haberlo mantenido tan oculto reforzaba la probabilidad de que hubiera estado metido en la muerte de Gantvoort.