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nydus/Continental Op StoriesPublic
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Dedos resbaladizos

—Hablaré con los sirvientes —dije.

La doncella y el cocinero no supieron decirme nada, y muy poco más pude averiguar por medio de Barton.

Llevaba al servicio de Henry Grover desde 1912, lo había acompañado a Yunnan, Perú, México y América Central, pero al parecer sabía poco o nada sobre los asuntos o las amistades de su amo.

Él dijo que Grover no había parecido emocionado ni preocupado la noche del asesinato, y que casi todas las noches Grover lo despedía a más o menos la misma hora, con órdenes de que no lo molestaran; por lo que no debía concedérsele importancia a esa parte del asunto.

No sabía de nadie con quien Grover se hubiera comunicado durante el día, y no había visto el dinero que Grover había retirado del banco.

Hice una rápida inspección de la casa y los terrenos, sin esperar encontrar nada; y no encontré nada. La mitad de los casos que le tocan a un detective privado son como este: han pasado tres o cuatro días⁠—y a menudo otras tantas semanas⁠—desde que se cometió el crimen. La policía investiga el asunto hasta que se queda estancada; entonces la parte afectada llama a un sabueso privado, lo suelta en una pista vieja, fría y pisoteada, y espera⁠—¡En fin! Elegí este modo de ganarme la vida, así que⁠ ⁠…

Revisé los papeles de Grover⁠—tenía una caja fuerte y un escritorio llenos de ellos⁠—, pero no encontré nada que valiera la pena. Eran casi todo columnas de cifras.

—Voy a mandar a un contador para que revise los libros de su padre —le dije a Frederick Grover—. Dele todo lo que pida y arrégleselas con el banco para que lo ayuden.

Tomé un tranvía y volví al pueblo, pasé por la oficina de Ned Root y lo encaminé hacia lo de Grover. Ned es una máquina sumadora humana

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