- Aunque el enemigo sea superior en número, podemos impedirle combatir.
Idead un plan para descubrir sus planes y la probabilidad de su éxito.
[Una lectura alternativa ofrecida por Chia Lin es: «Conoce de antemano todos los planes conducentes a nuestro éxito y al fracaso del enemigo».
- Despiértale y averigua el principio de su actividad o inactividad.
[Chang Yu nos dice que, al observar la alegría o la ira mostradas por el enemigo al ser alterado de este modo, podremos deducir si su política es mantenerse oculto o lo contrario. Cita el ejemplo de Chu-geliang, quien envió el despectivo regalo de un tocado de mujer a Ssu-ma Yi para sacarlo de sus tácticas fabianas.]
Obligale a revelarse, para así descubrir sus puntos vulnerables.
- Compara cuidadosamente al ejército contrario con el tuyo propio, para que sepas dónde la fuerza es superabundante y dónde es deficiente.
[Véase IV. § 6.]
- En tus disposiciones tácticas, el grado supremo que puedes alcanzar es el de ocultarlas;
[La piquantería de la paradoja se evapora en la traducción. El ocultamiento tal vez no sea tanto una invisibilidad real (véase supra § 9) como «no dar señales» de lo que te propones hacer, de los planes que se gestan en tu cerebro.]