- sin restricciones, serán fieles;
- sin dar órdenes, se puede confiar en ellos.
- Prohíbase la adivinación de presagios y deséchense las dudas supersticiosas. Entonces, hasta que llegue la muerte misma, no hay que temer a ninguna calamidad.
[Los supersticiosos, «atados a impertinentes dudas y temores», se convierten en cobardes y «mueren muchas veces antes de su muerte». Tu Mu cita a Huang Shih-kung: «"Los sortilegios y conjuros deben estar estrictamente prohibidos, y no se debe permitir a ningún oficial inquirir mediante la adivinación sobre la fortuna de un ejército, por miedo a que las mentes de los soldados se perturben gravemente". El significado es —continúa— que, si se deshechan todas las dudas y escrúpulos, vuestros hombres nunca vacilarán en su resolución hasta el momento de morir».]
- Si nuestros soldados no están abrumados por el dinero, no es porque sientan aversión por las riquezas; si sus vidas no son indebidamente largas, no es porque sean reacios a la longevidad.
[Chang Yu tiene la mejor anotación sobre este pasaje: «La riqueza y la larga vida son cosas hacia las que todos los hombres tienen una inclinación natural. Por lo tanto, si queman o tiran objetos de valor, y sacrifican sus propias vidas, no es que les desagraden, sino simplemente que no les queda otra opción». Sun Tzŭ está insinuando sutilmente que, como los soldados son humanos al fin y al cabo, corresponde al general velar por que no se les presenten tentaciones de eludir el combate y enriquecerse.]
- El día en que se les ordena marchar a la batalla, vuestros soldados pueden llorar,
[La palabra en chino significa «moquear». Se considera que esto indica un dolor más genuino que las lágrimas por sí solas.]