como sabía Sun Tzŭ, no se puede lograr nada en la guerra a menos que estés dispuesto a correr riesgos. T’ai Kung dijo: «El que deja escapar una ventaja acarreará posteriormente sobre sí mismo un desastre real».
En el año 404 d. C., Liu Yu persiguió al rebelde Huan Hsuan río arriba por el Yangtsé y libró una batalla naval contra él en la isla de Ch’eng-hung. Las tropas leales apenas sumaban unos pocos millares, mientras que sus oponentes contaban con una gran fuerza. Pero Huan Hsuan, temiendo el destino que le aguardaba en caso de ser derrotado, hizo amarrar una barca ligera al costado de su junco de guerra para poder huir, si fuera necesario, en un abrir y cerrar de ojos. El resultado natural fue que el espíritu de lucha de sus soldados quedó completamente apagado y, cuando los lealistas lanzaron un ataque a favor del viento con buques incendiarios, esforzándose todos con el máximo ardor por ser los primeros en el combate, las fuerzas de Huan Hsuan fueron derrotadas, tuvieron que quemar todo