[Li Ch’uan añade el comentario: «Es como atar las patas de un pura sangre, de modo que sea incapaz de galopar». Uno pensaría de forma natural en «el gobernante» en este pasaje como alguien que está en su palacio e intenta dirigir los movimientos de su ejército desde la distancia. Pero los comentaristas entienden justo lo contrario, y citan el refrán de T’ai Kung: «Un reino no debe ser gobernado desde fuera, y un ejército no debe ser dirigido desde dentro». Por supuesto, es verdad que, durante un combate, o cuando se está en estrecho contacto con el enemigo, el general no debe estar en medio de sus propias tropas, sino a cierta distancia. De lo contrario, correrá el riesgo de juzgar mal la posición en su conjunto y dar órdenes erróneas.]
- (2) Por intentar gobernar un ejército de la misma manera que administra un reino, siendo ignorante de las condiciones que imperan en un ejército. Esto causa inquietud en las mentes de los soldados.
[La nota de Ts'ao Kung dice, libremente traducida: «La esfera militar y la esfera civil son totalmente distintas; no se puede manejar un ejército con guantes de seda». Y Chang Yu dice: «La humanidad y la justicia son los principios sobre los cuales se debe gobernar un Estado, pero no un ejército; el oportunismo y la flexibilidad, por otra parte, son virtudes militares más que civiles para asimilar el gobierno de un ejército» —al de un Estado, se entiende.]
- (3) Empleando a los oficiales de su ejército sin discriminación,
[Es decir, no tiene el cuidado de poner al hombre idóneo en el puesto idóneo.]
por ignorancia del principio militar de adaptación a las circunstancias.
Esto socava la confianza de los soldados.