hecho antes? ¿Por qué no me sacaste el tema entonces y dejaste que yo hiciera una reclamación contra el patrimonio en tu nombre?”
El Dr. Crane no pudo soportar más su sillón. Comenzó a caminar suavemente en zapatillas, sin mirar nada, pero, mientras hablaba, recogía objetos aquí y allá —herramientas de dibujo, su taza de cacao, una lechera de porcelana—, dándoles vuelta y volviéndolos a dejar con cuidado, tal como a menudo manipulaba distraído piezas de aparatos cuando daba sus conferencias.
“Ya lo sé —dijo—, las apariencias están en mi contra. Pero debes comprender mi negligencia. Ya sabes qué pocas oportunidades tiene uno aquí para llevar a cabo su propia línea de investigación. Sabes cuánto tiempo dedico a cualquiera de mis alumnos que hace un trabajo honesto. Outland fue, por supuesto, el alumno más brillante que jamás tuve, y le di tiempo y atención sin reservas. Con gusto, por supuesto. Si él mismo estuviera cosechando los frutos de su descubrimiento, no tendría nada que decir —aunque no me cabe la menor duda de que me compensaría generosamente—. Pero no parece justo que un extraño obtenga beneficios, y no aquellos que lo ayudaron. Tú, por supuesto, te beneficias —indirectamente, si no de forma directa—. No puedes cerrar los ojos ante el hecho de que este dinero, al entrar en tu familia, ha fortalecido tu crédito y tu seguridad general. Así es como debe ser. Pero tu derecho era menos definido que el mío. Invertí tiempo y fuerzas que apenas podía permitirme perder en la misma serie de experimentos que condujeron a este resultado. Marsellus obtiene el beneficio de mi trabajo además del de Outland. Ciertamente he sido maltratado —y, como dices, es difícil obtener una compensación cuando la reclamo tan tarde—. No es un descrédito para mí, desde luego, no haber tomado medidas para proteger mis intereses. Jamás pensé en el trabajo de mi alumno en términos de dinero. Hubo otros que sí lo hicieron, y a mí no se me tuvo en cuenta —concluyó con amargura.