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nydus/The Professor’s HousePublic
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V. El primero de agosto

pequeño y muy aseado armario en la pared. Puse mi libro en este nicho y lo sellé con cemento. Por cierto, la Madre Eva había interesado mucho al padre Duchene. Se echó a reír y dijo que le iba muy bien el nombre. No creía que su muerte pudiera arrojar ninguna luz sobre la destrucción de su pueblo. > «Me parece percibir —dijo con picardía— una tragedia personal. Tal vez cuando la tribu bajó al campamento de verano, nuestra dama estaba enferma y no quiso ir. Quizá su marido pensó que valía la pena regresar de imprevisto de las granjas una noche y la encontró en mala compañía. Es posible que el joven haya escapado. En las sociedades primitivas al marido se le permite castigar con la muerte a una esposa

Cuando la primera nevada comenzó a revolotear, nos despedimos de nuestra meseta y cabalgamos hacia Tarpin. Nos tomó varios días equiparme para mi viaje a Washington. Compramos un baúl (jamás había tenido uno en mi vida), y un surtido de camisas blancas, un abrigo tan pesado como el plomo y casi igual de frío, y dos trajes de ropa.

Aquel comerciante sin escrúpulos me encasquetó una casaca de frac que debía de llevar veinte años en su inventario. Convenció fácilmente a Roddy de que era la prenda adecuada para ocasiones formales. Creo que Roddy esperaba que me recibieran los embajadores; tal vez yo también.

Roddy sacó seiscientos dólares del banco para financiarme, y compró mi boleto y el Pullman hasta Washington. Fue a la estación conmigo la mañana que me fui, y un fuerte apretón de manos fue la despedida.

Durante un buen rato después de que mi tren partiera, pude ver nuestra meseta recortándose, azulada, en el horizonte. Me dolía dejarla, pero pensé que se había apañado muy bien sin mí durante unos cuantos cientos de años.

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