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nydus/The Professor’s HousePublic
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VI

perder el tiempo, y es desconfiado. La mejor manera será que lo invites a almorzar contigo. Yo lo organizaré. Llevo una lista de sus citas y sé que no tiene compromisos para el almuerzo de mañana. Le diré que va a almorzar con un muchacho simpático que ha venido desde Nuevo México para informar al Departamento sobre un descubrimiento importante. Le diré que se reúna contigo en el Shoreham, a la una. Eso es caro, pero de nada serviría invitarlo a un sitio barato. Y recuerda, debes pedirle que él ordene el almuerzo. Tal vez te cueste diez dólares, pero te servirá de algo.

Sentí gratitud hacia la simpática personita⁠: no era mayor que yo. Le rogué que por favor viniera a almorzar conmigo hoy y hablara un poco.

—¡Oh, no! —dijo, enrojecida como una amapola—. Vaya, temo que pienses...

Le dije que no pensaba en otra cosa sino en lo amable que era conmigo, y en lo solo que me sentía.

Ella me acompañó, pero no quiso ir a ningún sitio elegante.

Me contó una gran cantidad de cosas útiles.

—Si quieres llamar la atención de cualquiera en Washin’ton —dijo—, invítalo a almorzar. Aquí la gente haría casi cualquier cosa por un buen almuerzo.

—Pero el director del Instituto Smithsoniano, por ejemplo —dije—, ¿seguro que no querrá decir que los de alto rango como él...? ¿Por qué iba a molestarse con un vaquero de Nuevo México, cuando puede almorzar con científicos y embajadores?

Tenía una risita sureña, bonita y coqueta. > «¡Dile al director el nombre de un hotel como el Shoreham y atrévete! Tiene que haber alguien que pague

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