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nydus/The Professor’s HousePublic
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II

Pero ahora que la vívida conciencia de un estado anterior había regresado a él, el Profesor sentía que la vida con este muchacho de Kansas, por poco que hubiera durado, era la más real de sus vidas, y que todos los años transcurridos entre medio habían sido accidentales y ordenados desde el exterior.

Su carrera, su esposa, su familia, no eran en absoluto su vida, sino una cadena de acontecimientos que le habían sucedido. Todas estas cosas no tenían nada que ver con la persona que él era en el principio.

El hombre que era ahora, la personalidad que sus amigos conocían, había empezado a fortalecerse durante la adolescencia, durante los años en los que estuvo, consciente o inconscientemente, conjugando siempre el verbo «amar»⁠: en sociedad y en la soledad, con la gente, con los libros, con el cielo y el campo abierto, en la soledad de las atestadas calles de la ciudad.

Cuando conoció a Lillian, este alcanzó su madurez.

Desde entonces y hasta ahora, la existencia había sido un aferrarse a salientes. Una cosa llevó a la otra y un acontecimiento trajo consigo otro, y el diseño de su vida había sido obra de este hombre social secundario, el amante.

Había sido moldeado por todas las penalidades y responsabilidades de ser y haber sido un amante.

  • Porque estaba Lillian, tenía que haber matrimonio y un sueldo.
  • Porque había matrimonio, había hijos.
  • Porque había hijos, y fervor en la sangre y en el cerebro, nacieron libros además de hijas.

Sus historias, estaba convencido, no tenían más que ver con su yo original que sus hijas; eran el resultado de la alta presión de la juventud.

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