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nydus/The Professor’s HousePublic
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II

dinero y te sobra ilusión por las muchachas, tendrás que admitir, mientras lo maldices, que es un maldito y viejo mundo

¡Bang, bang!

Arrojó la, punta de su cigarro salvajemente a la chimenea. Sabía que a Rosamond le disgustaban sus editoriales y sus rimas. Tenía un gusto literario refinado, como su madre⁠—aunque él no creía que tuviera ni la mitad de la inteligencia general de su esposa. Además, ahora que era la heredera de Tom Outland, le detestaba oír mencionar sumas de dinero, especialmente sumas pequeñas.

Tras las buenas noches, y ya fuera de la puerta principal, McGregor agarró a su esposa del codo y la apresuró por el caminito hasta la verja donde tenía aparcado su Ford, soltando de golpe en su oído mientras corrían:

«Ahora bien, ¿qué demonios es una viuda virtual? ¿Se refiere a una viuda virtuosa, o al revésoso? ¡Pum, pum!».

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