y en los pueblos hopi, pero nunca había visto una torre como aquella. Me pareció que marcaba una diferencia. Sentí que solo un pueblo fuerte y ambicioso la habría construido, y un pueblo con sentido del diseño. Aquel grupo de edificios, en su arco, con la vertiginosa caída al vacío desde sus puertas y el muro del acantilado por encima, estaba tan nítido en mi mente como una imagen. Al cerrar los ojos podía verlo contra la oscuridad, como una diapositiva de linterna mágica.
Blake cruzó el río antes del día de Año Nuevo, pero no encontró ninguna manera de subir desde el fondo del cañón de cajón hasta la Ciudad del Acantilado. Estaba seguro de que los habitantes de aquel pueblo en el cielo habían llegado a él por un sendero que bajaba desde la parte superior de la mesa, no desde el fondo del cañón hacia arriba. Exploró un poco los cañones secundarios y encontró otros cuatro pueblos, más pequeños que el primero, situados en arcos similares.