—¡Desde luego que no; desde luego que no —bramó Braddock, colocándose el sombrero con furia—. ¡Cómo se atreve a hacerme semejante proposición, Random! Si este Don Pedro ofrece la recompensa y Hervey encuentra la momia, simplemente se la entregará a su amigo.
—Difícilmente puede hacer eso, ya que usted ha comprado la momia. Pero don Pedro está dispuesto a comprársela a usted.
—¡Hum! —Braddock se dirigió a la puerta, pensando—. Reservaré mi decisión hasta que este hombre llegue. Buenos días —y se marchó.
Random no intentó detenerlo, ya que estaba un poco cansado de las extravagancias del Profesor. Sabía muy bien que Braddock iría a ver a Don Pedro cuando llegara a la Posada del Guerrero, y uniría fuerzas con él para buscar los bienes perdidos.
Y el hilo de pensamientos iniciado por la visita del Profesor condujo a Random hacia un cierto cajón, de donde sacó la fotografía de una belleza de aspecto espléndido. Contra esta presionó sus labios.
«Me pregunto si tu padre te entregará a mí a cambio de esa momia», pensó, y besó de nuevo el rostro retratado.