A continuación fue llamado Samuel Quass, el propietario del «Descanso del Marinero». Resultó ser un hombre corpulento, fornido, de pelo y patillas rojizos, que tenía aspecto de marinero. Y, en efecto, unas pocas preguntas permitieron averiguar que era un capitán de mar retirado. Su declaración fue brusca pero sincera y, a pesar de regentar un establecimiento público tan turbio, parecía bastante honrado.
Contó más o menos la misma historia que había aparecido en los periódicos. Esa noche en el hotel solo se encontraban él, su esposa, dos hijos y el personal de servicio. Bolton se retiró a descansar diciendo que tal vez saldría temprano hacia Gartley, y pagó una libra para que llevaran el baúl al otro lado del río y lo subieran a un camión. Como Bolton había desaparecido a la mañana siguiente, Quass obedeció las instrucciones, con el resultado que todo el mundo conocía. También declaró que no sabía que el baúl contenía una momia.
—¿Qué creía usted que contenía? —preguntó el forense rápidamente.
—Ropas y rarezas de tierras extranjeras —dijo el testigo con frialdad.
—¿Se lo dijo el señor Bolton?
“No me dijo nada sobre el caso —gruñó el testigo—, pero charló mucho sobre Malta, que conozco bien por haber recalado en ese puerto con frecuencia cuando era marinero”.
—¿Sugirió si se habían producido peleas en Malta?