—Tal vez le apetezca una taza de café, o un whisky con soda —sugirió Archie—, ¿antes de empezar a leer?
—Debería —asintió Random, que tenía un aspecto cansado y pálido—. Los acontecimientos de la noche me han dejado bastante K. O. Café, si puede ser: un buen café negro, fuerte y caliente.
Hope asintió y fue a pedir lo mismo. Cuando regresó, se sentó, tras cerrar la puerta con cuidado, y procedió a leer. Pero antes de que pudiera hablar, Random levantó la mano.
—Hablemos hasta que traigan el café —dijo—; así no nos interrumpirán mientras leemos.
—Está bien —dijo Hope—. ¡Tome un puro!
—No, gracias. Me he pasado toda la noche fumando. Me sentaré aquí junto al fuego y esperaré el café. Tú tienes mal aspecto.
—Y no es de extrañar —dijo Archie con cansancio—. Poco nos imaginábamos cuando salimos del Fuerte anoche la que se nos veniva encima. ¡Quién iba a decir que la señora Jasher te había enviado la esmeralda después de todo!
“Sí. Se arrepintió, como dijo, y sin embargo me atrevo a decir —como también dijo— que sentía haberse dejado llevar por el impulso. Si no la hubiera apuñalado ese maldito Cacatúa, sin duda habría destruido esa confesión. Supongo que escribió aquello también por el impulso del momento”.
—Ella misma lo confesó —dijo Hope, apoyando la cabeza en la mano y mirando fijamente el fuego—. Debió de estar al tanto de la verdad desde el principio. Me pregunto si fue cómplice antes o después del delito.
—Lo que me pregunto —dijo Random, tras un momento de reflexión— es qué tiene que ver Braddock con el asunto.