“Me lo imaginaba”.
“¿Y tú qué dices?”
Miss Kendal se encogió de hombros.
“Si mi padrastro” —enfatizó la palabra—, “si mi padrastro da su consentimiento, ¿por qué habría de importarme? Voy a casarme con Archie, y sin duda el profesor se sentirá solo”.
“Entonces no me desapruebas como madre.”
—Querida señora Jasher —dijo Lucy con frialdad—, no existe ninguna relación entre mi padrastro y yo, más allá del hecho de que se casó con mi madre. Por lo tanto, usted nunca podrá ser mi madre. Si me quedara en las Pirámides, esa cuestión podría plantearse, pero como dentro de seis meses seré la señora Hope, podremos ser amigas, nada más.
—Estoy muy satisfecha con eso —dijo la señora Jasher de un modo práctico—. Después de todo, no soy una sentimental. Pero me alegra que a usted no le importe que me case con el Profesor, ya que no quiero que impida el enlace, querida.
Lucy se rio.
—Le aseguro que no tengo ninguna influencia sobre mi padre, señora Jasher. Se casará con usted si le parece oportuno y sin consultarme. Pero —añadió la joven con énfasis—, no veo qué gana usted convirtiéndose en la señora Braddock.
—Podría llegar a ser lady Braddock —dijo la viuda, con sequedad. Luego, ante la abierta sorpresa en el rostro de Lucy, se apresuró a comentar:— ¿Quieres decir que no sabes que tu padre es el heredero de un título de baronet?