Durante los siguientes dos o tres días, Archie se sintió decididamente preocupado por su proyectado matrimonio con Lucy. Ciertamente él había —para decirlo sin rodeos— comprado el consentimiento de Braddock, y ese caballero difícilmente podía retractarse de su palabra empeñada, que le había costado tanto al pretendiente.
Sin embargo, Hope no confiaba del todo en el profesor, ya que, por las pocas palabras que había soltado en la cena, era evidente que anhelaba dinero con el cual equipar la expedición en busca de la misteriosa tumba a la que había aludido.
Archie sabía, al igual que el profesor, que no podía proporcionar las cinco mil libras necesarias sin arruinarse prácticamente, y ya había mermado sus recursos al pagar el precio de la momia verde. Había creído ingenuamente que Braddock se conformaría con la reliquia de la humanidad peruana; pero parecía que el profesor, habiendo conseguido lo que quería, ahora reclamaba a gritos lo que por el momento estaba fuera de su alcance.
La momia era de su propiedad, pero también deseaba el contenido de la tumba de la reina Tahoser. Este capricho en particular, que tanto exigía, era un artículo muy costoso, y Hope no veía cómo podría complacerlo.
A no ser que —y ahí radicaba el motivo de la preocupación de Archie—, a no ser que las cinco mil libras se las pidiera prestadas a Sir Frank Random, el profesor tendría que conformarse con la momia maltesa. Pero por lo que el joven había visto del anhelo de Braddock por el sepulcro en cuestión, que deseaba saquear, creía que el científico no