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nydus/The Green MummyPublic
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CAPÍTULO XXV. LOS MOLINOS DE DIOS

Archie se guardó la confesión en el bolsillo antes de que el policía regresara, y luego abandonó la casita de campo con Random y el médico, ya que ahora no había nada más que hacer.

Eran entre las siete y las ocho, y el gélido amanecer comenzaba a despuntar, pero la neblina marina todavía cubría densamente las marismas, como si fuera el sudario de los muertos.

Robinson fue a su propia casa para buscar su pescante y conducir hasta Jessum, para allí tomar el tren y el transbordador rumbo a Pierside. Era necesario informar al inspector Date de esta nueva tragedia sin demora, y como el agente Painter estaba ocupado vigilando la casita de campo, no había más mensajero disponible que el doctor Robinson.

Random, en efecto, se ofreció a enviar a un soldado o a facilitarle a Robinson el uso del teléfono del fuerte, pero el médico prefería ver a Date en persona para relatarle exactamente lo qué había sucedido. Tal vez el joven médico pretendía darse a conocer mejor para mejorar su clientela, pero sin duda parecía ansioso por tomar un papel protagónico en los procedimientos relacionados con el asesinato de la señora Jasher.

Cuando Robinson se separó de ellos, Random y Hope se dirigieron al alojamiento de este último con el fin de leer la confesión y saber exactamente hasta qué punto la señora Jasher había estado metida en la tragedia de la momia verde.

Se había declarado inocente incluso en su lecho de muerte y, hasta donde los dos podían juzgar en este punto, ciertamente no había estrangulado en realidad a Sidney Bolton. Pero bien podía ser —y parecía más que probable— que fuera cómplice después del hecho.

Sin embargo, esto podían averiguarlo gracias a la confesión, y se sentaron en la pequeña y tranquila sala de estar de Hope, donde la dueña de la pensión del artista acababa de encender el fuego, con las hojas esparcidas ordenadamente frente a ellos.

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