ausente, Braddock se explayó sobre las perfecciones de esta reliquia de la civilización peruana.
—¿Se lo venderá a don Pedro? —preguntó Hope.
—Cuando yo haya terminado con él, antes no —espetó Braddock, rondando su tesoro—. También querré un porcentaje de mi ganga.
Archie pensaba para sus adentros que, si Braddock desvendaba la momia, encontraría las esmeraldas y probablemente se las quedaría, de modo que su expedición a Egipto pudiera ser financiada. En ese caso, don Pedro ya no desearía comprar el cadáver de su antecesor. Pero mientras sopesaba la conveniencia de informarle al Profesor sobre la existencia de las esmeraldas, Cockatoo regresó con la carretilla de mano.
—Ha perdido a la señora Jasher —dijo Hope, mientras ayudaba al profesor a subir la momia al carro.
—¡No importa! ¡No importa! —Braddock le dio palmadas al ataúd—. ¡He encontrado algo mucho más de mi agrado, algo muchísimo mejor! ¡Ja, ja!