A pesar de los periódicos y cartas y contestadores automáticos y telegramas y semejantes ayudas para la rápida difusión de las noticias, esta viaja más deprisa en los pueblos que en las ciudades. El boca a boca puede difundir los chismes con maravillosa rapidez en comunidades escasamente pobladas, ya que resulta obvio que en tales lugares cada persona conoce a la otra —como suele decirse— de pe a pa.
En todo pueblo inglés las paredes tienen oídos y las ventanas tienen ojos, de modo que cada cabaña es un criadero de escándalos y lo que sabe uno es sabido por los demás antes de que pase una hora. Ni siquiera la Esfinge habría podido guardar su secreto por mucho tiempo en una localidad semejante.
Gartley podía estar a la altura de los mejores en este aspecto, por lo que no era de extrañar que a la mañana siguiente todo el mundo supiera que el profesor Braddock había encontrado su momia perdida hacía tanto tiempo en el jardín de la señora Jasher, y la había trasladado a las Pirámides sin pérdida de tiempo.
No era especialmente tarde cuando la carretilla de mano, con su lúgubre carga, pasó por la única calle del lugar, y varios hombres salieron de la taberna del Guerrero ostensiblemente para ofrecer ayuda, pero en realidad para averiguar qué andaba haciendo el excéntrico amo de la gran mansión. Braddock rechazó brusquemente tales ofrecimientos; pero como se había visto el estuche de momia de forma extraña y teñido de verde, a los que lo habían avistado les costó poco atar cabos, sobre todo teniendo en cuenta