El profesor Braddock era menos olvidadizo, ya que siempre tenía presente la pérdida de su momia y meditaba constantemente en planes mediante los cuales pudiera atrapar al asesino de su difunto secretario. No es que le importaran los muertos en absoluto, salvo desde un punto de vista estrictamente comercial, pero la captura del criminal significaba la restitución de la momia y —como Braddock le decía a todo el que se le cruzaba— estaba decidido a recuperar la posesión de su tesoro.
Él mismo fue al Sailor's Rest y sacó de quicio al posadero y a sus sirvientes con preguntas incisivas y arrebatos cuando no se le podía dar una respuesta satisfactoria. Quass se alegró al ver la espalda regordeta de aquel hombrecillo irascible, que perseguía con tanta tenacidad lo que todos los demás ya habían abandonado.
«La vida era demasiado corta —se quejó Quass— para molestarse de ese modo».
El noviazgo de Archie y Lucy transcurría sin contratiempos, y el Profesor no mostraba señales de querer romper el compromiso. Pero Hope, tal como le confió a Lucy, estaba algo preocupado, ya que su tío mendigo, con un capital prestado e insuficiente, había empezado a especular en minas sudafricanas, y era probable que perdiera todo su dinero.
En tal caso, Hope imaginaba que una vez más le pedirían que saldara la pérdida avuncular, por lo que la boda tendría que posponerse.
Pero dio la casualidad de que el tío mendigo hizo algunas jugadas especulativas afortunadas y adquirió dinero, el cual reinvirtió sin demora en nuevas minas de carácter arriesgado. Aun así, por el momento todo iba bien, y los enamorados disfrutaron de unos cuantos días halciones de paz y felicidad.
Luego cayó un rayo en cielo sereno en la persona del capitán Hervey, quien se presentó dos semanas después del funeral para ver al profesor. El