Sir Frank Random era un apuesto joven que tenía —como suele decirse— todo su género en el escaparate. De cabello claro y alto, con una figura atlética y bien proporcionada, modales refinados y un aire mundano, se parecía exactamente al oficial romántico de la ficción de Bow Bells, el Family Herald y el Young Ladies' Journal. Pero el romanticismo residía por completo en su aspecto cuidado, ya que era un sajón tan común y corriente como los que uno podría encontrarse en todo un día de camino. Aficionado al deporte, atento a sus deberes como capitán de artillería y entregado a lo que románticamente se conoce como el beau sexe, transitaba la vida con soltura, muy satisfecho consigo mismo y con su agradable entorno. Leía novelas —cuando leía— y los semanarios deportivos; se preocupaba muy poco por la política, salvo cuando esta tenía que ver con una posible invasión alemana, y siempre estaba dispuesto a hacerle un favor a cualquiera. Sus compañeros de armas declaraban que no era un mal tipo en absoluto, lo cual constituía un gran elogio viniendo del habitualmente reservado militar. Su capacidad puede medirse con precisión por el hecho de que no tenía ni un solo enemigo y de que todo el mundo hablaba bien de él. Un mortal
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CAPÍTULO VIII. EL BARONET
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