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nydus/A Princess of MarsPublic
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XI. Con Dejah Thoris

“El hecho de que no llevaras adornos es una sólida prueba de tu origen no barsoomiano, mientras que la ausencia de grotescas vestimentas podría hacer dudar de tu terrenalidad”.

Narré entonces los detalles de mi partida de la Tierra, explicando que mi cuerpo yacía allí completamente vestido con todas las prendas, para ella extrañas, de los habitantes mundanos.

En ese momento regresó Sola con nuestras escasas pertenencias y su joven protegido marciano, quien, por supuesto, tendría que compartir la habitación con ellas.

Sola nos preguntó si habíamos tenido alguna visita durante su ausencia, y pareció muy sorprendida cuando respondimos negativamente.

Parece ser que, al subir por la rampa de acceso a los pisos superiores donde se hallaban nuestros aposentos, se había cruzado con Sarkoja, que bajaba.

Decidimos que debía haber estado espiando, pero como no recordábamos nada de importancia que hubiera ocurrido entre nosotros, descartamos el asunto por considerarlo de poca importancia, prometiéndonos tan solo extremar al máximo las precauciones en el futuro.

Dejah Thoris y yo nos pusimos entonces a examinar la arquitectura y las decoraciones de las hermosas cámaras del edificio que ocupábamos.

Ella me dijo que aquellas gentes presumiblemente habían florecido hacía más de cien mil años. Eran los primeros progenitores de su raza, pero se habían mezclado con la otra gran raza de los marcianos primitivos, que eran muy oscuros, casi negros, y también con la raza amarillo rojiza que había florecido al mismo tiempo.

Estas tres grandes divisiones de los marcianos superiores se habían visto obligadas a formar una poderosa alianza a medida que la desecación de

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