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nydus/A Princess of MarsPublic
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XXII. Hallo a Dejah

los diversos términos que significan posesión. Habías luchado por mí, pero nunca me habías pedido en matrimonio, y así, cuando me llamaste tu princesa, ya ves —vaciló—, me sentí dolida, pero aun entonces, John Carter, no te rechacé, como debería haberlo hecho, hasta que lo empeoraste el doble al reprocharme haberme ganado a través del

“No necesito pedirte perdón ahora, Dejah Thoris —exclamé—. Debes saber que mi falta se debió a la ignorancia de vuestras costumbres barsoomianas. Lo que omití hacer, por la absoluta creencia de que mi petición resultaría presuntuosa e inoportuna, lo hago ahora, Dejah Thoris; te pido que seas mi esposa, y por toda la sangre guerrera de Virginia que corre por mis venas, así será”.

—No, John Carter, es inútil —exclamó con desesperación—; jamás podré ser tuya mientras Sab Than viva.

—Has firmado su sentencia de muerte, mi princesa; Sab Than va a morir.

—Tampoco eso —se apresuró a explicar—. No puedo casarme con el hombre que dé muerte a mi esposo, ni siquiera en defensa propia. Es la costumbre. Nos rige la costumbre en Barsoom. Es inútil, amigo mío. Debes soportar la tristeza conmigo. Al menos eso podemos compartir en común. Eso, y el recuerdo de los breves días entre los tharks. Debes marcharte ahora, y no volver a verme jamás. Adiós, mi otrora caudillo.

Desalentado y abatido, me retiré de la estancia, pero no estaba del todo desanimado, ni admitiría que Dejah Thoris se había perdido para mí hasta que la ceremonia se hubiera celebrado realmente.

Mientras deambulaba por los pasillos, me encontraba tan absolutamente perdido en el laberinto de pasadizos sinuosos como lo había estado antes de descubrir los aposentos de Dejah Thoris.

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