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nydus/A Princess of MarsPublic
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XIV. Un duelo a muerte

¡No sirve ni para limpiarle los dientes al gato de su abuela! Debo de ocupar un lugar bastante bajo en la consideración de Dejah Thoris, pensé; pero no pude evitar reír ante la extraña figura retórica, tan pintoresca y, en este aspecto, tan terrenal. Me dio nostalgia, pues sonaba muy parecido a «no le llega ni a la suela de los zapatos».

Y entonces comenzó una cadena de pensamientos totalmente nueva para mí.

Comenzué a preguntarme qué estaría haciendo mi gente en casa. No los había visto en años. Había una familia de los Carter en Virginia que afirmaba tener una estrecha relación conmigo; se suponía que yo era un tío abuelo, o algo por el estilo igualmente absurdo. Podía hacerme pasar por alguien de veinticinco a treinta años en cualquier parte, y ser tío abuelo siempre me pareció la cúspide de la incongruencia, pues mis pensamientos y sentimientos eran los de un muchacho.

Había dos pequeños críos en la familia Carter a los que había querido y que creían que no había nadie en la Tierra como el tío Jack; podía verlos con absoluta claridad, mientras estaba allí bajo los cielos iluminados por la luna de Barsoom, y los añoraba como nunca antes había añorado a ningún mortal.

Por naturaleza errante, nunca había conocido el verdadero significado de la palabra hogar, pero el gran salón de los Carter siempre había representado todo lo que esa palabra significaba para mí, y ahora mi corazón se volvía hacia él desde los pueblos fríos y hostiles entre los que me había visto arrojado.

¡Pues acaso ni siquiera Dejah Thoris me despreciaba! Yo era una criatura inferior, tan inferior de hecho que ni siquiera era digno de lustrar los dientes del gato de su abuela; y entonces mi providencial sentido del humor vino a rescatarme y, riendo, me arropé con mis sedas y pieles y dormí sobre el suelo hechizado por la luna el sueño de un hombre de armas cansado y sano.

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