Al ver que el prisionero parecía ser el centro de atención, me detuve para presenciar los acontecimientos.
No tuve que esperar mucho, pues poco después Lorquas Ptomel y su séquito de jefes se aproximaron al edificio y, haciendo señas a los guardias para que los siguieran con el prisionero, entraron en la cámara de audiencias.
Dándome cuenta de que era un personaje de algún modo favorecido, y convencido también de que los guerreros no sabían de mi dominio de su idioma —ya que le había suplicado a Sola que mantuviera esto en secreto bajo el pretexto de que no deseaba verme obligado a hablar con los hombres hasta haber dominado perfectamente la lengua marciana—, me arriesgué a intentar entrar en la cámara de audiencias y escuchar el desarrollo de los hechos.
El consejo se acurrucó sobre los escalones de la tribuna, mientras que abajo de ellos se encontraban la prisionera y sus dos guardias. Vi que una de las