Con la misma pulida cortesía que había caracterizado su trato hacia mí, extendieron sus saludos al gran Thark, ni, para mi sorpresa, fue él muy a la zaga de ellos en soltura de porte o en cortés elocuencia.
Aunque no son una raza locuaz, los Tharks son sumamente formales, y sus costumbres se prestan de manera asombrosa a los modales dignos y cortesanos.
Dejah Thoris subió a la nave insignia y le contrarió mucho que yo no la siguiera; pero, tal como le expliqué, la batalla solo estaba medio ganada; todavía teníamos que vérnoslas con las fuerzas terrestres de los zodangas sitiadores, y yo no abandonaría a Tars Tarkas hasta que eso estuviera cumplido.
El comandante de las fuerzas navales de Helium prometió hacer losarreglos necesarios para que los ejércitos de Helium atacaran desde la ciudad en conjunción con nuestro ataque terrestre, y así las naves se separaron y Dejah Thoris fue llevada en triunfo de regreso a la corte de su abuelo, Tardos Mors, Jeddak de Helium.
En la distancia yacía nuestra flota de transportes, con los thoats de los guerreros verdes, donde habían permanecido durante la batalla.
Sin desembaraderos iba a ser un asunto difícil descargar estas bestias en la llanura abierta, pero no había otra opción, así que nos dirigimos hacia un punto a unas diez millas de la ciudad y comenzamos la tarea.
Fue necesario bajar a los animales al suelo en arneses y esta labor ocupó el resto del día y la mitad de la noche.
Dos veces fuimos atacados por partidas de caballería zodangana, aunque con poca pérdida, sin embargo, y después de que la oscuridad se hubo cerrado, se retiraron.
Tan pronto como el último thark fue desembarcado, Tars Tarkas dio la orden de avanzar, y en tres grupos nos deslizamos hacia el campamento