¡Oh, es un período continuo y terrible de derramamiento de sangre desde el momento en que rompemos el cascarón hasta que abrazamos con gusto el lecho del río del misterio, el oscuro y milenario Iss que nos lleva a una existencia desconocida, pero al menos no más espantosa y terrible! Afortunado en verdad es quien encuentra su fin en una muerte temprana. Digas lo que le digas a Tars Tarkas, no puede imponerme un destino peor que la continuación de la horrible existencia que estamos obligados a llevar en esta vida.
Este salvaje arrebato por parte de Sola sorprendió y consternó tanto a las otras mujeres que, tras unas pocas palabras de reprimenda general, todas cayeron en el silencio y no tardaron en dormirse.
Una cosa que el episodio había logrado era asegurarme la amistad de Sola hacia la pobre muchacha, y también convencerme de que había tenido muchísima suerte al caer en sus manos en lugar de en las de alguna de las otras hembras. Sabía que me tenía afecto, y ahora que había descubierto que odiaba la crueldad y la barbarie, estaba seguro de que podía confiar en que me ayudaría a mí y a la muchacha cautiva a escapar, siempre y cuando, por supuesto, tal cosa entrara dentro de lo posible.
Ni siquiera sabía si existían mejores condiciones a las que escapar, mas estaba más que dispuesto a correr el riesgo entre gentes cortadas por mi mismo molde antes que seguir por más tiempo entre los horribles y sanguinarios hombres verdes de Marte.
Pero a dónde ir, y cómo, constituía un enigma para mí tan grande como lo ha sido para los hombres de la Tierra la centenaria búsqueda de la fuente de la eterna juventud desde el principio de los tiempos.
Decidí que a la primera oportunidad le confidenciafría a Sola mis planes y le pediría abiertamente que me ayudara, y con esta firme resolución en mente, me recosté entre mis sedas y pieles y dormí el sueño reparador y sin sueños de Marte.