Estas palabras están grabadas en mi corazón. ¡Ah!, gustosamente daría mi vida mil veces tan solo con poder oírselas decir una vez más; pero entonces ni siquiera podría conceder un segundo al arrobamiento de su dulce abrazo, y presionando mis labios contra los suyos por primera vez, la tomé en peso y la arrojé de nuevo a su asiento detrás de Sola, ordenándole a esta última en tono perentorio que la sujetara allí por la fuerza y, luego, dando una palmada en el flanco al thoat, las vi alejarse; Dejah Thoris forcejeando hasta el último momento para librarse del agarre de Sola.
Volviéndome, vi a los guerreros verdes que subían a la cresta y buscaban a su caudillo. En un momento lo vieron, y luego a mí; pero apenas me habían descubierto cuando comencé a disparar, tendido boca abajo sobre el musgo. Tenía exactamente cien cartuchos en el cargador de mi rifle, y otros cien en el cinto a mi espalda, y mantuve un flujo continuo de fuego hasta que vi que todos los guerreros que habían sido los primeros en regresar de detrás de la cresta estaban muertos o corrían a refugiarse.
Mi respiro duró