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nydus/A Princess of MarsPublic
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XIII. Amor en Marte

“¡Qué niño! Un gran guerrero y, sin embargo, un torpe niñito”.

—¿Qué he hecho ahora? —pregunté, sumido en la más absoluta perplejidad.

“Algún día lo sabrás, John Carter, si vivimos; pero no puedo decírtelo. Y yo, la hija de Mors Kajak, hijo de Tardos Mors, he escuchado sin enojo”, concluyó para sus adentros.

Luego volvió a prorrumpir en uno de sus alegres, felices y risueños estados de ánimo; bromeando conmigo sobre mi destreza como guerrero Thark, en contraste con mi blando corazón y mi bondad natural.

—Supongo que si por accidente heridas a un enemigo, te lo llevarías a casa y lo cuidarías hasta que recuperase la salud —se rio ella.

—Eso es precisamente lo que hacemos en la Tierra —respondí—. Al menos entre hombres civilizados.

Esto volvió a hacerla reír. No lograba comprenderlo, pues, con toda su ternura y su dulzura de mujer, seguía siendo marciana, y para un marciano el único enemigo bueno es un enemigo muerto; ya que cada adversario muerto significa mucho más para repartir entre los que viven.

Tenía mucha curiosidad por saber qué había dicho o hecho para causarle tanta perturbación un momento antes, así que seguí importunándola para que me iluminara.

—No —exclamó ella—, basta con que lo hayas dicho y con que yo haya escuchado. Y cuando lo sepas, John Carter, y si yo he muerto, como es probable que ocurra antes de que la otra luna haya circundado Barsoom otras doce veces, recuerda que escuché y que —sonreí.

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