Crianza en Marte
Después de un desayuno que fue réplica exacta de la comida del día anterior e índice de prácticamente cada comida que siguió mientras estuve con los hombres verdes de Marte, Sola me condujo a la plaza, donde encontré a toda la comunidad ocupada en observar o ayudar en el enjaezamiento de enormes animales mastodónticos a grandes carros de tres ruedas.
Había unos dos cincuenta de estos vehículos, cada uno tirado por un solo animal, cualquiera de los cuales, por su aspecto, habría podido arrastrar fácilmente todo el tren de carromatos una vez cargado por completo.
Los carros en sí eran grandes, espaciosos y suntuosamente decorados.
En cada uno iba sentada una marciana cargada de adornos de metal, con joyas, sedas y pieles, y sobre el lomo de cada una de las bestias que tiraban de los carros iba apostado un joven conductor marciano.
Al igual que los animales en los que iban montados los guerreros, los animales de tiro más pesados no llevaban ni bocado ni brida, sino que eran guiados enteramente por medios telepáticos.
Este poder está maravillosamente desarrollado en todos los marcianos, y explica en gran parte la sencillez de su lenguaje y las relativamente pocas palabras habladas que se intercambian aun en conversaciones largas.