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nydus/A Princess of MarsPublic
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XXII. Hallo a Dejah

—Más valdría, Than Kosis —interrumpió Dejah Thoris—, que la proclamación aguardara al fin de esta guerra. Parecería en verdad extrañísimo a mi pueblo y al vuestro que la Princesa de Helium se entregara al enemigo de su patria en plena hostilidad.

—¿No puede terminarse la guerra de inmediato? —habló Sab Than—. No se requiere sino la palabra de Than Kosis para traer la paz. Di la palabra, padre mío, di la palabra que apresurará mi felicidad y pondrá fin a esta impopular contienda.

—Ya veremos —replicó Than Kosis— cómo se toma el pueblo de Helium la paz. Al menos, se la ofreceré.

Dejah Thoris, tras unas pocas palabras, se volvió y salió de la estancia, seguida todavía por sus guardias.

Así fue como el edificio de mi breve sueño de felicidad quedó hecho añicos, derrumbado sobre el suelo de la realidad.

La mujer por quien yo había ofrecido mi vida, y de cuyos labios tan recientemente había escuchado una declaración de amor hacia mí, había olvidado a la ligera mi propia existencia y, con una sonrisa, se había entregado al hijo del enemigo más aborrecido de su pueblo.

Aunque lo había oído con mis propios oídos, no podía creerlo. Tenía que buscar sus aposentos y obligarla a repetirme la cruel verdad a solas antes de convencerme, y así abandoné mi puesto y me apresuré por el pasillo detrás de los tapices hacia la puerta por la que ella había abandonado la estancia.

Deslizándome silenciosamente por esta abertura, descubrí un laberinto de pasillos sinuosos, que se bifurcaban y giraban en todas direcciones.

Corriendo rápidamente por uno y luego por otro de ellos, pronto me perdí sin remedio y estaba de pie, jadeando, contra una pared lateral cuando escuché voces cerca de mí.

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