cuando sus padres les hablen de la terrible venganza de los hombres verdes; del poder, del poderío, del odio y de la crueldad de Tal Hajus. Pero antes de la tortura serás mía por una corta hora, y noticia de eso también llegará a Tardos Mors, Jeddak de Helium, tu abuelo, para que pueda revolcarse por el suelo en la agonía de su dolor. Mañana comenzará la tortura; esta noche eres de Tal Hajus; ¡ven!»
Saltó de la plataforma y la agarró bruscamente del brazo, pero apenas la hubo tocado cuando me interpuse de un salto entre ellos.
Mi espada corta, afilada y brillante, estaba en mi mano derecha; podría haberla hundido en su podrido corazón antes de que se diera cuenta de que lo había atacado; pero al levantar el brazo para golpear pensé en Tars Tarkas, y, con toda mi rabia, con todo mi odio, no pude robarle ese dulce momento por el que había vivido y esperado durante todos estos largos y fatigosos años, y así, en su lugar, descargué mi buen puño derecho de lleno en la punta de su barbilla.
Sin emitir un sonido, se desplomó al suelo como si estuviera muerto.
En el mismo silencio mortal tomé de la mano a Dejah Thoris y, haciendo seña a Sola de que nos siguiera, salimos velozmente y sin hacer ruido de la estancia y subimos al piso superior. Sin ser vistos llegamos a una ventana trasera y, con las correas y el cuero de mis arreos, hice descender primero a Sola y luego a Dejah Thoris hasta el suelo.
Saltando ágilmente tras ellas, las llevé con rapidez alrededor del patio, entre las sombras de los edificios, y así regresamos por el mismo camino que yo había recorrido hacía poco desde el distante límite de la ciudad.
Por fin dimos con mis thoats en el patio donde los había dejado, y tras colocarles los aparejos, nos apresuramos a cruzar el edificio hacia la avenida del otro lado.