condiciones puedes ser asesinado por nosotros sin órdenes de Tal Hajus: en combate personal en defensa propia, si atacaras a uno de nosotros, o si fueras apresado en un intento de fuga.
“Por cuestión de justicia debo advertirles que solo esperamos una de estas dos excusas para librarnos de una responsabilidad tan grande. La entrega a salvo de la chica roja a Tal Hajus es de la mayor importancia. En mil años los tharks no habían hecho semejante captura; ella es la nieta del más grande de los jeddaks rojos, quien es también nuestro más acérrimo enemigo.
He hablado. La chica roja nos dijo que carecemos de los sentimientos más tiernos de la humanidad, pero somos una raza justa y veraz. Pueden irse”.
Girándome, salí de la sala de audiencias. ¡Así que este era el principio de la persecución de Sarkoja! Yo sabía que nadie más podía ser responsable de aquel informe que había llegado a oídos de Lorquas Ptomel con tanta rapidez, y ahora recordaba aquellos fragmentos de nuestra conversación que habían tratado sobre la huida y sobre mi origen.
Sarkoja era en ese momento la hembra de mayor edad y más confiable de Tars Tarkas. Como tal, era un gran poder detrás del trono, pues ningún guerrero gozaba de la confianza de Lorquas Ptomel en la misma medida que su lugarteniente más capaz, Tars Tarkas.
Sin embargo, lejos de alejar de mi mente la idea de una posible huida, mi entrevista con Lorquas Ptomel solo sirvió para centrar todas mis facultades en este asunto. Ahora, más que antes, se grabó en mí la absoluta necesidad de escapar por lo que respecta a Dejah Thoris, pues estaba convencido de que le esperaba un destino horrible en el cuartel general de Tal Hajus.
Tal como lo describía Sola, este monstruo era la personificación exagerada de todas las eras de crueldad, ferocidad y brutalidad de las que