alejado de la sala, la cabeza de una procesión que avanzó hasta los pies del trono.
Primero marcharon cuatro oficiales de la Guardia del jeddak cargando una enorme bandeja sobre la cual descansaba, en un cojín de seda escarlata, una gran cadena de oro con un collar y un candado en cada extremo.
Directamente detrás de estos oficiales venían otros cuatro que llevaban una bandeja similar que sostenía los magníficos adornos de un príncipe y una princesa de la casa reinante de Zodanga.
Al pie del trono, estos dos bandos se separaron y se detuvieron, uno frente al otro en lados opuestos del pasillo.
Luego llegaron más dignatarios, y los oficiales del palacio y del ejército, y finalmente dos figuras completamente envueltas en seda escarlata, de modo que no se distinguía ningún rasgo de ninguna de ellas. Estas dos se detuvieron al pie del trono, frente a Than Kosis.
Cuando el resto de la procesión hubo entrado y tomado sus puestos, Than Kosis se dirigió a la pareja que estaba ante él. No pude oír sus palabras, pero al poco tiempo dos oficiales se adelantaron y quitaron la túnica escarlata de una de las figuras, y vi que Kantos Kan había fracasado en su misión, pues era Sab Than, príncipe de Zodanga, quien se revelaba ante mí.
Than Kosis tomó entonces un juego de los ornamentos de una de las bandejas y colocó uno de los collares de oro alrededor del cuello de su hijo, asegurando el candado de golpe.
Tras dirigir unas cuantas palabras más a Sab Than, se volvió hacia la otra figura, de la cual los oficiales retiraron ahora las sedas que la envolvían, revelando ante mi vista, ya comprensiva, a Dejah Thoris, Princesa de Helium.