Dirigí entonces mi atención hacia Dejah Thoris y, ayudándola a ponerse en pie, me volví con ella hacia la salida, ignorando a sus harpías guardianas que revoloteaban a su alrededor, así como las miradas inquisitivas de los jefes. ¡No era acaso yo un jefe también! Bien, pues asumiría las responsabilidades de tal condición.
No nos molestaron, y así Dejah Thoris, princesa de Helium, y John Carter, caballero de Virginia, seguidos por el fiel Woola, salieron en medio de un absoluto silencio de la sala de audiencias de Lorquas Ptomel, Jed entre los tharks de Barsoom.