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nydus/A Princess of MarsPublic
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III. Mi llegada a Marte

tal había decidido que debía ser.

Mi esfuerzo se vio coronado por un éxito que me aterrorizó tanto como pareció sorprender a los guerreros marcianos, pues me impulsó por completo a treinta pies en el aire y me arrojó a cien pies de mis perseguidores y al lado opuesto del recinto.

Descendí sobre el musgo blando con facilidad y sin contratiempos, y al girarme vi a mis enemigos alineados a lo largo del muro de enfrente. Algunos me examinaban con expresiones que más tarde descubrí que denotaban un asombro extremo, y los demás se estaban cerciorando evidentemente de que yo no había molestado a sus crías.

Conversaban entre ellos en voz baja, gesticulando y señalando hacia mí. El descubrimiento de que no había hecho daño a los pequeños marcianos y de que iba desarmado debió de hacer que me miraran con menos ferocidad; pero, como iba a saber más tarde, lo que más pesó a mi favor fue mi exhibición de saltos de vallas.

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