«¡Oh, qué divertido!», murmuran; y se apresuran a entrar desde el invernadero, y suben por las escaleras, y van a buscarse los unos a los otros por toda la casa, y se aglomeran en el salón, y se sientan alrededor, todos con una sonrisita de anticipación.
Entonces Harris comienza.
Bueno, uno no busca gran cosa en cuanto a voz en una canción cómica. Uno no espera un fraseo o una vocalización correctos. A uno no le importa si un hombre descubre, en plena nota, que está demasiado alto, y baja de golpe. A uno no le importa el compás. A uno no le importa que un hombre vaya dos compases por delante del acompañamiento, se detenga a mitad de verso para discutirlo con el pianista y luego vuelva a empezar la estrofa. Pero lo que sí espera son las palabras.
Uno no espera que un hombre jamás recuerde más de los tres primeros versos de la primera estrofa, y que siga repitiéndolos hasta que sea