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nydus/Three Men in a BoatPublic
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XVI

estábamos, a diez millas río arriba de Reading! Sin duda, ahora les tocaba a ellos otra vez.

No pude lograr que ni George ni Harris vieran el asunto bajo su verdadera luz, sin embargo; así que, para evitar discusiones, tomé los remos.

No había estado remando por más de un minuto más o menos, cuando George advirtió algo negro flotando en el agua, y nos acercamos.

George se inclinó, al acercarnos, y lo agarró. Y entonces se retiró con un grito y el rostro pálido.

Era el cadáver de una mujer. Flotaba con gran ligereza sobre el agua, y su rostro era apacible y sereno. No era un rostro hermoso —tenía un aspecto demasiado prematuramente envejecido, demasiado delgado y demacrado para serlo—, pero era una cara dulce y entrañable, a pesar de su impronta de escasez y pobreza, y en ella se adivinaba esa expresión de paz sosegada que a veces adquiere el semblante de los enfermos cuando por fin el dolor los abandona.

Por fortuna para nosotros⁠—no teniendo nosotros ningún deseo de andar rondando los juzgados de instrucción⁠—, unos hombres en la orilla también habían visto el cadáver y ahora se hicieron cargo de él en nuestro lugar.

Supimos la historia de la mujer más tarde. Por supuesto, era la vieja, viejísima y vulgar tragedia. Había amado y había sido engañada⁠—o se había engañado a sí misma⁠—De cualquier modo, había pecado⁠—algunos de nosotros lo hacemos de vez en cuando⁠—y su familia y amigos, naturalmente escandalizados e indignados, le habían cerrado sus puertas.

Left to fight the world alone, with the millstone of her shame around her neck, she had sunk ever lower and lower. For a while she had kept both

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