Then those people would have gone away and said to themselves:
“Oh! we’d better get out of here while this billing and cooing is on. We’ll go down to Kent.”
Y se irían a Kent, y lo primero que verían en Kent, al llegar allí, serían Enrique y Ana haciendo el tonto por el castillo de Hever.
—Vaya, ¡maldita sea esto! —habrían dicho—. Ven, vámonos. No lo soporto ni un minuto más. Vámonos a St. Albans; un lugar bonito y tranquilo, St. Albans.
Y cuando llegaban a St. Albans, allí estaría esa maldita pareja besándose bajo los muros de la abadía. Luego esta gente se iría a hacer de piratas hasta que terminara el matrimonio.
Desde Picnic Point hasta Old Windsor Lock hay un tramo encantador del río.
Un camino sombreado, salpicado aquí y allá por coquetas casitas, corre junto a la orilla hasta el Bells of Ouseley, un mesón pintoresco, como lo son la mayoría de los mesones río arriba, y un lugar donde se puede beber un vaso de muy buena cerveza —o eso dice Harris; y en un asunto de esta clase uno puede fiarse de la palabra de Harris.
Old Windsor es un lugar famoso a su manera. Eduardo el Confesor tuvo un palacio aquí, y aquí el gran conde Godwin fue declarado culpable por la justicia de aquella época de haber maquinado la muerte del hermano del rey. El conde Godwin partió un trozo de pan y lo sostuvo en su mano.
—Si soy culpable —dijo el conde—, ¡que este pan me ahogue al comerlo!
Entonces se metió el pan en la boca y se lo tragó, y se ahogó, y murió.
Después de pasar Old Windsor, el río resulta un tanto soso, y no recupera su encanto hasta que te acercas a Boveney.