- Oxford—La idea del Cielo según Montmorency—La embarcación alquilada para remontar el río, sus bellezas y ventajas—El Orgullo del Támesis—El tiempo cambia—El río bajo diferentes aspectos—Una tarde poco alegre—Anhelos de lo inalcanzable—La charla alegre circula—George toca el banjo—Una melodía melancólica—Otro día lluvioso—Huida—Una cena ligera y un brindis.
Pasamos dos días muy agradables en Oxford.
Hay un montón de perros en la ciudad de Oxford. Montmorency tuvo once peleas el primer día y catorce el segundo, y por lo visto creyó que había llegado al cielo.
Entre las gentes constitucionalmente demasiado débiles, o constitucionalmente demasiado perezosas, da igual cuál de las dos cosas, para saborear el trabajo a contracorriente, es práctica común alquilar un bote en Oxford y remar río abajo.
Para los enérgicos, sin embargo, el viaje río arriba es sin duda el preferible. No parece bueno ir siempre a favor de la corriente. Hay mayor satisfacción en enderezar la espalda, luchar contra ella y abrirse paso a fuerza de avanzar a pesar de todo—al menos, eso siento yo cuando Harris y George reman y yo llevo el timón.
A aquellos que de verdad piensen en Oxford como su punto de partida, les diría: llevad vuestra propia barca—a menos que, por supuesto, podáis tomar la de otro sin el menor peligro de que os descubran. Las barcas que, por lo general, se alquilan en el Támesis río arriba de Marlow, son barcas muy buenas.