con un evidente sentimiento de injusticia que le corroe por dentro, le pide al pianista que empiece de nuevo. El pianista, a continuación, inicia el preludio de la canción del Almirante, y Harris, aprovechando lo que considera una entrada favorable en la música, empieza.
“ ‘Cuando era joven y me llamaron a la abogacía.’ ”
General rugido de risa, tomado por Harris como un cumplido.
El pianista, pensando en su mujer y su familia, abandona la desigual lucha y se retira; su puesto es ocupado por un hombre de nervios más templados.
Alegramente.
“Bien, viejo, arranca tú, y yo te sigo. No nos vamos a molestar con ningún preludio.”