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nydus/Three Men in a BoatPublic
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IX. A George se le presenta el trabajo—Instintos paganos de las sirgas—Conducta ingrata de un esquife de doble par—Remolques

camino de sirga, ambos sumidos en una conversación al parecer interesante y absorbente. Llevaban un bichero entre los dos, y, sujeto al bichero, había un cable de remolque que iba arrastrando detrás de ellos con el extremo en el agua. No había ninguna barca cerca, no se veía ninguna barca. Tenía que haber habido una barca atada a ese cable en algún momento, eso era seguro; pero qué había sido de ella, qué espantoso destino la había alcanzado a ella y a los que se habían quedado en ella, estaba sepultado en el misterio. Fuera cual fuese el accidente, sin embargo, no había alterado en absoluto a la joven pareja que iba sirgando. Llevaban el bichero y llevaban el cable, y eso parecía ser todo lo que consideraban necesario para su labor.

George iba a gritar y despertarlos, pero, en ese momento, se le cruzó una brillante idea por la cabeza, y no lo hizo. En su lugar, cogió el bichero, se estiró y recogió el cabo del remolque; hicieron un nudo corredizo, lo pasaron por su mástil, y luego ordenaron los remos, se fueron a sentar a la popa y encendieron sus pipas.

Y ese joven y esa joven remolcaron a esos cuatro tipos fornidos y una pesada embarcación hasta Marlow.

George dijo que nunca antes había visto tanta tristeza reflexiva concentrada en una sola mirada, como cuando, en la esclusa, aquella joven pareja comprendió que, durante las últimas dos millas, habían estado remolcando el barco equivocado. George imaginó que, de no haber sido por la influencia moderadora de la dulce mujer a su lado, el joven habría recurrido a un lenguaje violento.

La doncella fue la primera en recuperarse de su sorpresa y, al hacerlo, juntó las manos y exclamó con frenesí:

«Oh, Henry, entonces ¿dónde está la tía?»

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