Marlow—Abadía de Bisham—Los monjes de Medmenham—Montmorency cree que va a asesinar a un viejo gato romano—Pero al fin decide perdonarle la vida—Vergonzosa conducta de un foxterrier en los almacenes del Servicio Civil—Nuestra partida de Marlow—Una procesión imponente—La lancha a vapor, útiles recetas para molestarla y estorbarla—Nos negamos a bebernos el río—Un perro pacífico—Extraña desaparición de Harris y de un pastel.
Marlow es uno de los centros fluviales más agradables que conozco. Es una pequeña ciudad bulliciosa y animada; no muy pintoresca en su conjunto, es verdad, pero no obstante hay en ella muchos rincones pintorescos por descubrir: arcos en pie en el puente derruido del Tiempo, sobre los cuales nuestra imaginación viaja de regreso a los días en que el señorío de Marlow tenía al sajón Algar por señor, antes de que el Guillermo conquistador se lo adueñara para dárselo a la reina Matilde, antes de que pasara a los condes de Warwick o al mundano lord Paget, consejero de cuatro soberanos sucesivos.
Hay también un campo encantador a su alrededor, por si, después de remar, te gusta dar un paseo, mientras que el río mismo muestra aquí su mejor cara. Hasta Cookham, pasando por los bosques de Quarry y los prados, hay un tramo precioso.
¡Queridos y viejos bosques de Quarry!, con vuestros senderos estrechos y empinados, y vuestros pequeños claros sinuosos, ¡qué impregnados de recuerdos de soleados días de verano parecéis hasta el día de hoy! ¡Cómo están pobladas vuestras vistas sombrías por los fantasmas de rostros risueños! ¡Cómo caen suavemente de vuestras hojas susurrantes las voces de un tiempo lejano!