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nydus/Three Men in a BoatPublic
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VIII. Blackmailing

Nunca desde entonces he vuelto a interesarme mucho por las canciones alemanas.

Llegamos a la esclusa de Sunbury a las tres y media. El río es bellísimo justo ahí, antes de llegar a las compuertas, y el remanso tiene mucho encanto; pero ni intentes remontarlo en bote.

Lo intenté una vez. Iba remando en par de cortos y les pregunté a los muchachos que iban timoneando si creían que se podía hacer, y dijeron que oh, sí, que creían que sí, si tiraba con fuerza.

Estábamos justo debajo de la pequeña pasarela que lo cruza entre los dos azudes, cuando dijeron esto, y me incliné sobre los remos, me puse firme y tiré.

Remé espléndidamente. Agarré un ritmo constante y bien compasado. Puse en ello los brazos, las piernas y la espalda. Me impuse una brazada buena, rápida y enérgica, y trabajé con un estilo verdaderamente magnífico.

Mis dos amigos dijeron que era un placer verme.

Al cabo de cinco minutos, pensé que ya debíamos de estar bastante cerca de la presa y levanté la vista. Estábamos bajo el puente, exactamente en el mismo sitio en el que estábamos cuando empecé, y allí estaban esos dos idiotas, haciéndose daño de tanto reírse a carcajadas.

Había estado sudando tinta como un loco para mantener aquella barca inmovilizada bajo el puente.

Ahora dejo que los demás remen por los brazos muertos de los ríos contra corrientes fuertes.

Remamos hasta Walton, un lugar bastante grande para ser un pueblo ribereño. Como ocurre con todos los lugares a la orilla del río, solo la

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